miércoles, 20 de enero de 2016
El kirchnerismo no puede seguir obviando al sindicalismo
La cita original, aquí
El texto de Gabriel Fernández sigue abajo
FPV POLÉMICA
El gran río, los brazos, el delta
Por GABRIEL FERNÁNDEZ / LA SEÑAL MEDIOS – Área rea Periodística de Radio Gráfica
Si abrevamos en el concepto de contradicción, hallaremos varias opciones interpretativas. Nos interesa, sin cerrarnos, esa variante inteligente que mientras admite la existencia del contraste, sabe o al menos intenta, diferenciar entre el principal y los secundarios. Todo esto acompasado por apreciaciones más cotidianas: el ser humano es muy variado, por tanto su proceder es diverso. Y lo es aún cuando proceda colectivamente de modo unificado. ¿Y el movimiento obrero? Ya veremos.
Por estas horas, como ratificando el decir de sus adherentes duros en las semanas recientes, Cristina Fernández de Kirchner se refirió a los “dirigentes sindicales”. Lo hizo con dos asertos esenciales, en pocos minutos de charla grabada por un celular: son todos más o menos parecidos, los metió en la bolsa, y son ajenos, pues los derechos los defiende cada miembro del pueblo sin intermediarios, cada integrante “empoderado”.
Late allí –CFK no lo dice, seamos honestos- pero late, otra dualidad con intensidad política: kirchnerismo – peronismo. De la objeción al reclamo por el impuesto a las ganancias se pasa, en lo tácito, a recriminar ausencias e indisciplinas. Alejamientos. Pero más por debajo aún se palpa, al menos lo siente quien vivió varios períodos y no sólo el más reciente, aquél antiguo disconformismo, aquella lejana incomodidad, de las capas medias del movimiento para con los sindicalistas.
Esto no lo hace saber nuestra líder más votada y sin dudas portadora de logros gubernamentales extraordinarios que hemos marcado sin cesar en estas páginas, pero si lo manifiestan con total franqueza los militantes más duros de su vertiente: ahora no reclaman, ahora donde están, son unos traidores, pactaron con Macri, etc. Usted los lee continuamente, o usted dice y escribe esas mismas cosas lector, y sabe a lo que nos referimos sin exagerar.
Ahora bien, el dilema no es sencillo. Hemos indicado que se trata de militantes de nuestro movimiento; no estamos hablando de esos gorilones que odian a Cristina, al kirchnerismo, al peronismo, al populismo, a Chávez y a todo lo mejor que construyó América latina en la Década realmente Ganada. Por tanto, en primera instancia: tienen pleno derecho a debatir y a plantear diferencias. No viene por ahí la objeción de este texto; ya verá.
Vamos un tranco hacia atrás. Un puñado de dirigentes se desprendió del movimiento nacional hace varios años. Grave error que puede equipararse con el deletéreo concepto de traición. Pero resultaron eso: un puñado de dirigentes que en modo alguno representan a los centenares y más de sindicatos y sindicalistas que permanecieron firmes junto al gobierno nacional y popular. Para empezar entonces, una generalización es injusta, aunque además errónea. Si el conjunto del sindicalismo hubiera aceptado la coordinación de las corporaciones, empezando por Clarín, el gobierno de Cristina hubiera caído antes de los comicios del 22 de noviembre.
Luego, es pertinente señalar que tras la fuga de esos pocos sindicalistas, el gobierno impulsó la creación de una agrupación juvenil asentada en empleados del Estado. Esto hay que decirlo, porque no es eso lo que está mal: ser militante no es ser ñoqui, ser militante es entregar la vida cotidiana al mejoramiento del país. Eso son los pibes a los cuales hacemos referencia. El problema es que un agrupamiento de esa naturaleza, no está en condiciones de conducir hegemónicamente un movimiento bravío como el peronismo y mucho menos, de disciplinar al gremialismo en la Argentina.
No se trata de un deber ser. Es una realidad. La mayoría de los sindicatos argentinos no traicionaron nada en este período. Han crecido gracias al proceso industrializador impulsado por el kirchnerismo, lo han agradecido y han movilizado… hasta que se lo permitió esa hegemonía juvenil. Porque créase o no, en este período los sindicatos integraron a una masa enorme de nuevos militantes de base; delegados, activistas, pibes que también se lanzaron a bregar por un mundo mejor… pero que poseen diferencias sociales con los antedichos.
Meses atrás, cuando todavía el debate en el movimiento se asentaba en quién sería el candidato y si se ganaba en primera o segunda vuelta, un dirigente sindical de extrema confianza dijo a este periodista “estuve pensando; está muy bueno lo de los patios de la Rosada cuando habla Cristina, muy bueno… pero ¿sabés qué? ¡Son patios blancos!”. Le pregunté que quería indicar y explicó: “Nuestros pibes no pueden entrar, van y quedan afuera, después ya no van, es todo de La Campora, y nada más, son chicos macanudos, pero están dejando fuera a trabajadores de su misma edad, que quieren ir a ¡respaldar a Cristina! Ahí tenemos un problema”, señaló, perspicaz.
Y más. En diálogo más reciente con un sincero –en privado- militante de la famosa agrupación juvenil en cuestión, aseveró: “También ¿era necesario que tuviéramos todos todos los cargos en las listas y la mayoría de los funcionarios en los ministerios?”. Está claro. Quien suponga que esto es propaganda de La Nación que lo crea y entonces no se habla más, la verticalidad se impone para todos y todas y no se discute nada. Pero el movimiento nacional discute, corcovea, se enoja y plantea. Porque si no, los errores se repiten. Por ejemplo: ¿A nadie se le ocurrió que los sindicatos afines, los que se quedaron valga la reiteración, merecían puestos adecuados en el Ministerio de Trabajo? ¿Nadie supuso que para mejorar la actividad electoral el sindicalismo tenía derecho a insertar candidatos en las listas?
Pregunta simple: ¿Por qué no?
Es decir, el alejamiento se fue construyendo paso a paso, desde la asunción de Cristina hasta el presente. Derivó en la formación de un frente con identidad peronista al costado del Frente para la Victoria –a nuestro entender el FPV es la verdadera representación del movimiento nacional- y concluyó con una fuga de votos apreciable. Esos votos no podían ser contenidos en su totalidad porque estaban influenciados por otros factores, especialmente mediáticos, pero si parcialmente de haberse elaborado con más tacto el vínculo con el movimiento obrero organizado y con sectores de identidad peronista histórica.
No renegamos de nuestras palabras: hemos señalado oportunamente que el pueblo argentino vota populismo de centroizquierda y podemos realizar una narración ajustada, comicio por comicio en el orden ejecutivo nacional, que refrenda el comentario. Alguien dirá que los sindicatos no encarnan claramente ese perfil de centroizquierda. Entonces señalamos: no conocen a los gremios y a sus dirigentes que quedaron de este lado de la línea; no son nazis, ni fascistas ni corporativistas. Son compañeros con ideas bastante avanzadas y ya muy distantes de Moyano, ni qué hablar de Barrionuevo o Venegas. No los conocen porque muchos militantes de las capas medias también se guían por la orientación que reciben de los medios concentrados.
Pero además: no hay populismo sin sindicatos. Lo que es decir, como hemos indicado: no hay proyecto nacional sin movimiento obrero. La ausencia de Moyano se hizo sentir por su capacidad para arrastrar a la UTA, por la incapacidad propia para retener a la UTA, pero sobre todo por el destrato oficial hacia los sindicatos que se afirmaron en la defensa del Proyecto Nacional y Popular sin recibir un reconocimiento adecuado. Sin cámaras ni medios para hacerse ver y oír (salvo los nacional – populares carentes de financiamiento) y sin reuniones adecuadas con las áreas de Economía, Trabajo y Desarrollo Social.
Ahora bien. Todo este texto tiene la intención de amalgamar lo que se está desperdigando porque ya está visto que con una sola vertiente –el kirchnerismo- aunque sea la más votada y la más movilizada, no se logra vencer. Vencer en toda la línea, no sólo electoralmente, si se entiende. Y porque la reverberancia callejera de la adhesión del movimiento obrero organizado es una de las grandes armas culturales del movimiento nacional para combatir las campañas comunicacionales imperiales. Porque el kirchnerismo es un peronismo y no puede desplegarse sin integrar a su contradicción previa, no antagónica. Si la niega, pierde un componente de la elaboración.
Si el kirchnerismo no es un peronismo, como pretenden algunos entusiastas, entonces el kircherismo es una agrupación de clase media motorizada por individuos desorganizados que se juntan en una plaza convocados desde las redes sociales para efectuar demandas justas. Eso está muy bien pero con eso no se ganan las elecciones ni la hegemonía cultural nacional. La responsabilidad siempre recae en el liderazgo mayor. Entonces, este es un texto, también, destinado a respaldar a Cristina Fernández de Kirchner. A plantearle que sin el peronismo y sin el movimiento obrero organizado, ella pasaría de ser la jefa del movimiento en general, a la jefa de La Cámpora. Y lo que queremos es que asuma integralmente el liderazgo.
Pero el liderazgo está relacionado con la persuasión. Cada sector debe sentirse reconocido por el conductor, porque cuando hay zonas de exclusión la intensidad militante baja y los compañeros no saben bien qué hacer para apoyar un proceso que apoyan. Es común entre los dirigentes que arriban al peronismo desde la izquierda malinterpretar nuestra historia y presuponer que este movimiento es elementalmente vertical. No lo ha sido, ni con Perón, no lo es ni puede serlo, pues sus variados componentes encarnan fuerzas reales que batallan por salir a luz, expresarse y obtener cuotas de poder decisorio. Por tanto, tampoco es “elemental”: eso del choripán es un problema de La Nación y satélites, pero las ideas que fluyen por estos barrios son bien complejas.
Desde Jauretche y Scalabrini hasta Ubaldini, desde Cooke hasta Laclau, desde Rearte hasta Ongaro, desde Walsh hasta Ferla, desde el programa de Huerta Grande hasta los 23 puntos de la CGT, desde Perón hasta Cristina pasando por Néstor, por sólo citar un puñado, se registran dentro del peronismo tremendos y violentos debates democráticos –si, como discute nuestro pueblo, con energía y participación- que a su vez encarnan intereses profundos y vigorosos. La anulación de esos cruces a través de la hegemonía verticalizada sobre una agrupación, que además carece de la organización social de base adecuada, resulta letal y fuerza que los planteos emerjan descoordinados por aquí y por allá. El intento de encauzar esa trayectoria en pensadores como Ricardo Forster, una simplicación costosa.
Es claro que Cristina es jefa y cabalmente representativa. Es claro que La Cámpora es numéricamente importante y ha canalizado una militancia joven y valiosa. Lo que no es claro es porqué la líder y sus compañeros no dialogan con el resto del movimiento para incluirlo y potenciar así su propio desarrollo. Ahora bien, si quienes ocupan ese lugar recurren a la sencilla caracterización de toda disidencia como traición (a este periodista, por caso), estaremos condenados a configurarnos como una vertiente de los sectores medios altamente movilizados pero sin posibilidades cabales de victoria ante deficiencias para abarcar el arco social propio.
Y además, sesgando hacia un detalle: ¿quién fue el genio que desde Canal 7 dispuso en los últimos tres años que en los actos públicos y masivos del oficialismo se enfocara sólo las banderas de La Cámpora? ¿Creyeron que no se notaría que volcaban la cámara cuando arribaban el Evita, el Kolina, los sindicatos, los agrupamientos sociales? La dirección periodística de las transmisiones de esos magníficos eventos logró transformar enormes movilizaciones populares en festivales de muchachos porteños. Lo cual se constituyó en un verdadero festival para los medios concentrados.
En la lectura del tiempo histórico corto, puede suponerse que el kirchnerismo inventó todo desde la nada. Esa puede ser incluso, la legítima percepción de sus hacedores. Legítima pero equivocada. El pensamiento nacional con epicentro en el forjismo, el movimiento obrero pese a las defecciones y las organizaciones sociales en el último tramo del siglo anterior, mantuvieron banderas que fueron retomadas. La gran gesta del 19 y 20 de diciembre del 2001 quebró la cerviz del neoliberalismo y abrió las puertas al paso de la historia. Felizmente, el kirchnerismo observó esa herencia, se montó sobre ella y condujo la nación hacia un progreso que años antes resultaba impensable.
La admisión de ese decurso enriquece. Es doloroso que algunos compañeros supongan que desmerece los logros del tramo reciente: los realza como parte de una historia de luchas sorprendente, inteligente y heroica. Pero algo más para terminar: es preciso sacudirse esa prevención social en contra de los sindicatos. Ese gesto cultural que aleja porque lleva a percibir ajenidad sobre un espacio vertebral del movimiento nacional y popular, y por lo tanto del Proyecto que con gallardía el kirchnerismo ha llevado adelante.
Los cambios los hacen los pueblos. Las franjas militantes contribuyen a acompañar, esclarecer y organizar. Cuando se alejan y pretenden decirle a los pueblos todo lo que tienen que hacer, están sustituyendo sus organizaciones, pero sobre todo sus ritmos, sus culturas, sus representaciones genuinas. Estamos a tiempo de ensamblar lo propio. Somos una potencia extraordinaria. Podemos ser una totalidad sin abandonar nuestras concepciones parciales.
sábado, 21 de septiembre de 2013
De los derrapes de Lucas Carrasco
Igualmente, e incomprensiblemente, parece que una furia se ha apoderado de él desde hace unos tiempos. Y ya muchas veces sentimos que nos insultaba a todos con esos títulos salvajes que le pone a sus buenísimas listas de lectura. No sabemos por qué. ¿Es para provocar? o ¿habrá un por qué? Demasiada rabia. En algún punto nos hace sentir un tanto estupefactos. Es como escuchar a Lanata (a quien casi no hemos escuchado en esta década), pero parece exageradamente furioso. Las mierdas que políticamente hace el gobierno no empezaron ahora. Juntarse con impresentables... quién eligió a Scioli como compañero de fórmula? ¿Vale indignarse? estamos ante peronistas que juegan el juego de la política argentina. Salidas a izquierda o derecha, como venga. Lealtad, sólo el 17 de octubre. Y en eso Néstor y Cristina fueron tan oscilantes como el propio Duhalde. No olvidemos que a Arslanián no lo puso el Espíritu Santo. Cristina nunca dijo otra cosa, que era peronista y por lo tanto creía en el capitalismo. Perón puso juntos a Gelbard y a López Rega. No hubo ni hay sorpresas.
De todas maneras sigo creyendo que hacen falta más críticos que lameculos. Lucas Carrasco critica, y en ese camino pega bandazos grandes. Algunas cosas que marca son realmente para considerar. La(s) mano(s) libres a Scioli en el tema seguridad no son para festejar, y no creo que vaya a servir para levantar votos "por derecha". Creo que es un enmierdamiento al pedo nacido de una desesperación exagerada. Las PASO fueron un toque de atención, pero las elecciones de verdad todavía no ocurrieron, y tampoco es un hecho que Massa vaya a ser presidente. Y vaya a saber si llega a ser candidato. Dos años es mucho o poco, no nos olvidemos que estamos hablando de política. Lucas entiende la política, pero no es un político. Es un intelectual, como el resto de los blogueros y los funcionarios del área. Los militantes son los que están con el pie en el barr(i)o, en las escuelas y universidades y en los sindicatos. Punto. Y la elección dependerá de cómo le vaya a la economía, al laburo de los militantes y a si Cristina y los dirigentes que la acompañan creen que hay que profundizar el rumbo, más allá del márketing. No hay otra cosa.
lunes, 11 de febrero de 2013
De la mala leche de un periodista israelí
Para peor, los comentaristas extranjeros dicen cualquiera sobre el asunto, ignorando lo que Cristina efectivamente dijo, y mezclando al viejo peronismo, al menemismo y al kirchnerismo. Cristina tiene un curriculum intachable en este tema, y lo que hacen estos sujetos es enmierdar a cualquiera que no se curve ante lo que la derecha israelí piensa.
Qué HdP
sábado, 9 de junio de 2012
jueves, 15 de julio de 2010
Los días más felices
Tan orgullosa como el día en que se aprobó la Asignación Universal por Hijo, o como cuando salió la Ley de Medios, o como cuando se estatizaron las AFJP y Aerolíneas.
Me hice militante en los 90, en un contexto en el que asumirse como peronista era complicado. Porque teníamos un gobierno que había traicionado los principios de su programa electoral, y que destruía lo que el peronismo había construido. Como todos los militantes populares, busqué por donde pude y me incorporé al Frente Grande. Pero no me decía peronista. Porque todo eso que yo reivindicaba parecía un capítulo cerrado. Para mí, decir que uno era peronista era como decir que era federal, algo del pasado y sin ninguna relación efectiva con el presente.
Sin embargo, la identidad persistía. En el largo camino que fue el derrumbe del neoliberalismo y en mi tránsito por diferentes espacios políticos comprendí que parte del peronismo era su espíritu de resistir y defender banderas más allá de quiénes estuvieran en el gobierno, y que asumirme como peronista era importante para avivar esa llama. Pero seguía esperando la oportunidad de reivindicar esa identidad en las urnas.
El 27 de abril de 2003 dije "plata o mierda" y voté por Néstor Kirchner. A partir de ese día voté siempre al Frente para la Victoria. Y en estos siete años extraordinarios pude experimentar cómo era eso de estar donde uno siente que está bien hacerlo. Y uno, que se había acostumbrado a ver como se aprobaban leyes y decretos vergonzosos, a putear contra las privatizaciones y la flexibilización laboral y mil cosas más, empezó a tener la extraña costumbre de festejar.
Festejar la anulación de las leyes de impunidad, festejar la recuperación de la dignidad en las relaciones internacionales, festejar las recomposiciones salariales y las paritarias regulares, la estatización de Aerolíneas, de las AFJP, la generación de empleos, la inclusión de jubilados en el sistema previsional, la inversión creciente en educación y desarrollo científico y tecnológico.
Y el 28 de junio del año pasado creía que ya no íbamos a poder festejar más nada, y afortunadamente me equivoqué, porque a pesar de ser de Gimnasia mi presidenta cree que la mejor defensa es un buen ataque, y con ese principio actúa este gobierno.
Pude festejar la ley de Medios, pude festejar la Asignación Universal por Hijo.
Hoy puedo festejar el reconocimiento del derecho al matrimonio para todas las parejas.
Una ley que, a pesar de que algunos peronistas no lo entiendan y hayan votado en contra, está alineada en la tradición modernizadora e inclusiva del peronismo. En la sesión de ayer en el Senado muchos recordaron que el primer peronismo generó derechos sociales y el derecho al voto femenino. Pero algo que pocas veces se recuerda es que fue ese peronismo el que garantizó a las madres solteras que sus hijos ya no iban a estar en inferioridad de condiciones respecto de los que venían de familias legalmente constituidas. Es imposible no pensar en el origen extramatrimonial de Evita y en cuánto habrá significado esa legalidad para ella. Nunca más a alguien le iban a decir que "no tenía derecho" por su origen. Esa igualdad es la que hace que cantar la marcha peronista no sea nunca un acto mecánico. Porque cada palabra significa algo reconocible.
"...para que reine en el pueblo el amor y la igualdad": a partir de hoy, cantar la marchita va a tener un nuevo sentido, y por eso el peronismo está más vivo que nunca.
Miriam Socolovsky
miércoles, 24 de junio de 2009
Sanford, Sanford, qué grande sos!

Advertencia: este es un post poco serio
El gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, reapareció después de haber estado inhallable. El buen hombre le dijo a la esposa que se iba a los Apalaches de excursión, pero reapareció bajando de un avión que lo traía de Buenos Aires. Según admitió después, el propósito del viaje fue el de encontrarse con una amante que tenía en estas pampas. Hasta ahí, puro chimenterío y escándalo para su tía Porota. La prensa yanqui lo está crucificando, y algunos le guiñan un ojo por su travesura. Nosotros queremos denunciar la operación mediática del imperialismo que este compañero (es republicano, pero bueh) está sufriendo.
Según Associated Press " Sanford has been a fan of Argentina for years. While in Congress and since he's said that nation's Social Security system has a model the U.S. should follow.", o sea:
"Sanford es fanático de Argentina desde hace años. Mientras estuvo en el Congreso y desde entonces, ha dicho que el sistema de Seguridad Social de la nación (Argentina) es un modelo que los EEUU deberían imitar".
De esta manera vemos cómo el peronismo aumenta su influencia en el mundo, y que antes de Obama ya otros yanquis eran del palo.
Long live to Pocho!!
Un blog yanqui puso esta foto, ilustrando la tierra de los gauchos... lástima que la foto sea de la tierra de los gaúchos, Rio Grande do Sul.
martes, 23 de junio de 2009
Serán los días más felices que puedas tu vivir
No sé si el 28 a la noche estaremos bailando o peleando en la calle contra el gorilaje cacerolero (o tal vez hagamos ambas cosas).
¡En cualquier caso, mejor precalentar con el carnaval carioca peronista!
domingo, 21 de junio de 2009
Pino y el folcklorismo político
sábado, 20 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Un filósofo peronista
Este jueves a las 20 hs. estará en el Centro Cultural Oesterheld la viuda de Rodolfo Kusch, Elizabeth. Hablaremos de la obra de Rodolfo y de la vigencia de su pensamiento en el actual contexto latinoamericano.“Comenzaremos con la filosofía, porque pienso que nuestro problema americano no consiste en que nuestra realidad es indómita, sino antes bien en el hecho de que no tenemos formas de pensamiento para comprenderla” (“Tecnología y cultura”).
Cuando Rodolfo Kusch murió en Maimará, el 30 de septiembre de 1979, estaba muy lejos del ámbito en el que se había formado como filósofo. Distancia geográfica (había nacido en Buenos Aires el 25 de junio de 1922 y se había recibido en la Universidad de Buenos Aires), pero también conceptual.
Desde sus trabajos iniciales "La seducción de la barbarie: análisis herético de un continente mestizo" (1953) y "América profunda" (1962), este pensador elaboró un sistema en el que recuperó elementos de la cosmogonía indígena y los conjugó con su formación filosófica. De este modo, Kusch se preguntó por el pensar en América latina, por la relación entre lo emergente y lo sumergido, los sectores medios y el pueblo, lo civilizado y lo bárbaro. Recuperó términos clásicos como doxa y noesis y los integró a este sistema. En "Geocultura del hombre americano" (1976) redefinió categorías como cultura, política y lengua.
Fue un hereje. Rodolfo Kusch era peronista y pensó en el peronismo, en el pueblo peronista y en Perón, a lo largo de toda su obra. Abominó de todo el pensamiento académico eurocentrista: estaba tan lejos del marxismo ortodoxo como del positivismo o de cualquier otro intento de transferir sin más esquemas de la modernidad europea al espacio latinoamericano. Hoy a Kusch se lo lee poco en los ámbitos universitarios. Así los mediocres le hacen pagar su originalidad, su vitalidad, su rabioso populismo. Ellos se lo pierden.
“Hemos sido formados sobre la ruptura de la continuidad biológica entre sector medio y pueblo. Por eso ante los momentos de crisis por el poder universitario se plantea la reiteración de lo técnico, y lo mismo pasa en la filosofía. En este juego es siempre preferible ser un recién egresado, formado por profesores liberales, a los cuales se les asigna el papel de maestros, porque esto mismo facilita el reingreso a la universidad y la persistencia del juego, el juego de ver cómo uno nunca asume toda la verdad del país, ya que logra escamotearla, y crea constantemente antídotos, especialmente en la política, para creer que se está movilizando al pueblo o haciendo su filosofía, sin tener nunca una noción clara sobre esto. No hay un proyecto peronista para la universidad. ¿Por qué? Porque somos sectores medios. Y aun como peronista, cómo cuesta cambiar la cara a la Universidad. Logramos sólo las variantes tibias pero no la peronista que es más profunda”. (“El miedo a pensar lo nuestro”, en Geocultura del hombre americano).
El Centro Oesterheld queda en 17 nº 1120 entre 55 y 56, La Plata.
TE (0221) 4525270.
mail y facebook : centro_oesterheld@yahoo.com.ar
viernes, 15 de mayo de 2009
Resistencia y desintegración: los extraterrestres frente a los sectores populares argentinos

El 27 de abril se cumplieron 32 años del secuestro y desaparición de Héctor Oesterheld. Poco después, el 30, la CGT logró una de las concentraciónes más importantes de los últimos años y nos recordó a todos por qué en un país con visos de independencia y soberanía los trabajadores son un sector medular de la vida política. Pero también nos hizo pensar por qué los trabajadores argentinos tienen menos complicaciones que otros sectores del pueblo para entender cuáles son sus intereses y salir a defenderlos.
Héctor Oesterheld entendió eso mucho antes de asumir su peronismo. No solo por su concepción del héroe colectivo, sino por su facilidad para colocar, negro sobre blanco, a los diferentes sectores de la confrontación. Por un lado, los invasores y sus cómplices locales. Por el otro, los que resisten a la invasión. Tanto en "Rolo, el marciano adoptivo" como en "El eternauta", realizadas entre 1957 y 1959, es una conjunción de técnicos, profesionales y comerciantes de clase media con obreros (torneros, metalúrgicos) la que enfrenta a los extraterrestres que quieren apoderarse de la Tierra. Como si la articulación que tanto buscaron los líderes de la emancipación sudamericana (Bolívar, Artigas, Tupac Amaru) se hubiera concretado, al fin, en una historieta. Que la clase media se asuma como parte de un proyecto nacional y popular siempre fue algo difícil. No por nada, los momentos de mayor movimiento político de la historia argentina están relacionados con alineamientos de la clase media (al menos de buena parte de ella) con los intereses populares. Con el hecho de reconocer que sus posibilidades de permanencia son inescindibles de una política de Estado que garantice movilidad salarial, educación, salud, seguridad social. A eso, creo, apuntó el acto de lanzamiento de la candidatura de Néstor Kirchner. A hablarles a todos. Los discursos de Nacha (cuando tenga 68 quiero estar así!!!), de Scioli y de Néstor fueron complementarios. Scioli yendo a lo básico (trabajo, escuelas, hospitales,seguridad), Nacha hablando de los sueños y Néstor desplegando una lucidez política difícil de igualar. Cuando dijo que la descalificación de la clase política es una estrategia de los sectores minoritarios, reaccionarios y autoritarios que apuestan a hacerse con el poder que no logran alcanzar legítimamente en las urnas, dio la que a mi modo de ver debería ser la razón definitoria para los que tengan dudas sobre qué votar el 28. Porque finalmente, lo únicos beneficiados con que la clase media no entienda cuáles son sus intereses, sus verdaderos intereses, son los invasores. Que son siempre invasores que buscan quedarse con lo que no les corresponde, vengan de otro planeta o de Barrio Parque.
miércoles, 22 de abril de 2009
El video de Peronistas para la Victoria
sábado, 4 de abril de 2009
Reflexiones trasnochadas
(Elaboración lucidísima de un compañero en una mesa de discusión sobre el futuro de la política nacional.)
sábado, 21 de marzo de 2009
Democracia ateniense
El martes pasado estuve en Atenas. El estadio estaba dividido en tres sectores: un espacio adelante para los invitados especiales, otro con sillas atrás y las tribunas y laterales. Me tocó ir al último y pude subir a la tribuna que ya estaba llena. Después llegó más gente, así que tuve que poner en juego toda mi experiencia tribunera para no ser aplastada ni caerme por la baranda. Mucho territorio, que en general siguió atentamente los discursos, cantó enfervorizado contra Clarín y entonó la Marcha peronista todas las veces que sonó. Los distintos sectores políticos del peronismo platense tuvieron una presencia bastante pareja entre sí, y le pusieron al acto una impronta que no sé si era la buscada por los organizadores. Quiero decir, ante un escenario que decía Partido Justicialista (de hecho era un acto del PJ La Plata) coronado con sendos retratos de Perón y Evita, hubo mucho cantito de la jotapé. Hasta qué punto puede desembocar eso en una identidad simbólica que sirva para recorrer la provincia de Buenos Aires (yendo más allá del setentismo que nos caracteriza a los platenses) es para mí una incógnita. Mientras tanto, les subo un videíto que filmé con la cámara de fotos , por lo que la calidad no es la mejor, pero es más de lo que pasaron en la tele.
