Entre tanta incertidumbre y ante un nuevo intento de Ellos por hacernos retroceder, una sola cosa sabemos: para nosotros, la vida es lucha. Ninguna victoria es total, nunca podremos sentarnos a descansar tranquilos. Dormiremos cuando estemos muertos, pero habrá otros que peleen en nuestro lugar. Por eso nuestra felicidad no es la del que llegó a donde quería y se queda quieto: para nosotros, como para Tolstoi, "la quietud es una cobardía del alma".
No sé si el 28 a la noche estaremos bailando o peleando en la calle contra el gorilaje cacerolero (o tal vez hagamos ambas cosas).
¡En cualquier caso, mejor precalentar con el carnaval carioca peronista!