lunes, 20 de febrero de 2012
Ciencia 2.0 y minería
Y esto también nos ayuda a pensar que para tener el manejo de nuestros recursos naturales, debemos conquistar la independencia tecnológica.
La Ciencia 2.0 debe partir de esta base que hemos conquistado, y empezar a plantear las problemáticas más complejas en las que nos vamos metiendo, al avanzar este nuevo Estado sobre las realidades económicas y sociales.
Los científicos debemos empezar a hacernos cargo de que la lucha por la CyT en nuestro país no termina con el ingreso al CONICET o por más subsidios para "Promoción General del Conocimiento".
Bolivia: falta de pericia retrasa explotación de litio - SciDev.Net
miércoles, 1 de abril de 2009
domingo, 14 de septiembre de 2008
No fui a Bolivia...
Una pequeña recomendación: lean "Jefazo", de Martín Sivak. Si lo consiguen, también "El asesinato de Juan José Torres", del mismo autor (Ediciones del Pensamiento Nacional-Colihue, 1998). Imprescindibles para entender un poquito más.
domingo, 31 de agosto de 2008
Lago en el cielo
No encuentro dónde sentarme. La lancha que nos va a cruzar a la otra orilla está llena. Mis compañeras se acomodan en el piso. Pero yo quiero ver hacia afuera. Son las ocho de la noche y sólo distinguimos algo por las luces del embarcadero.
¿Quieres sentarte?
Cerca del motor queda un espacio. El chico me hace lugar. Me pregunta si soy argentina, asiento y él responde satisfecho: lo suponía. Es suizo, pero habla bien español, con una mezcla de acentos que resultan en una tonada caribeña. Mientras el suizo me cuenta de su vida, contemplo la noche estrellada sobre el Titicaca. Estamos navegando el lago más alto del mundo, a 3800 metros sobre el nivel del mar. El micro que nos lleva de Copacabana a La Paz cruza en otra lancha, porque en ese tramo no se puede ir por carretera. Busco la Cruz del Sur y Alfa y Beta Centaurii, que son las estrellas que miro todas las noches desde mi ventana. Las encuentro, y entonces me doy cuenta de cuánto ha cambiado mi perspectiva de allá a acá. Las sensaciones, las ideas y las imágenes de la gente que he visto se mezclan en mi cabeza. Tal vez sea la ansiedad de la víspera: mañana es domingo y se hace por fin el referéndum, el evento que nos ha decidido a a hacer este viaje. Hoy en Copacabana nos encontramos con una nena de nueve o diez años repartiendo volantes por el sí a Evo. Jessica es su nombre y cuando le pido uno me lo entrega y proclama: "¡Si no es Evo no es nadie, por el bono Juancito Pinto!". El bono Juancito Pinto es una ayuda escolar de 200 bolivianos para los chicos que cursan de 1ro a 5to grado, y fue creado con fondos provenientes de la nacionalización de hidrocarburos. Jessica como Iblis, que ahora va a poder tener una pensión, y como tantos otros bolivianos que conocimos en este viaje, está experimentando por primera vez algo que hasta ahora desconocía: la justicia social. Eso que nos resulta tan díficil de hacer entender a los socialdemócratas europeos, a los que todavía sostienen que Perón era un demagogo, a los que hablan con desprecio de los nuevos gobiernos populistas de América Latina. La justicia social lleva al pueblo a un lugar nuevo y nos deja con esa sensación indescriptible de sentir algo que nunca habíamos sentido, y que está tan lejos de la dádiva como de cualquier otra acción que subestime al que la recibe. Toda esta gente sabe lo que defiende y por qué lo defiende, y lo más importante es que sabe que tiene que defenderlo. Por eso pintan paredes, reparten volantes, organizan a los demás para que no se equivoquen al llenar la papeleta del voto y fiscalizan y lo dicen en alta voz: si no es Evo no es nadie. Porque, como decía un afiche que vi en el vidrio trasero de un taxi:
martes, 26 de agosto de 2008
Viaje al centro de la Tierra
Arriba es abajo. A 4300 metros sobre el nivel del mar están las minas del Cerro Rico. Para los turistas que recorremos la mina como parte de las atracciones turísticas de Potosí, eso es estar arriba. Nos ponemos el pantalón de minero, las botas de minero y el casco de minero, con su batería y su lucecita adelante. Pero no somos mineros. Aunque por un par de horas nos agachemos para caminar (los techos son bajos) y respiremos el mismo aire polvoriento, aunque miremos desconfiados las vetas de materia tóxica que asoman en las profundidades, aunque pasemos de los 0 grados centígrados de la puerta a los 40 que nos aplastan a 250 metros de profundidad. Soportamos eso porque sabemos que se va a terminar un rato. Que pronto vamos a emerger de este socavón y nos sacaremos fotos sonriendo felices, respirando aliviadas como si bajáramos del Apolo 13.
El chico de la foto, en cambio, se va a quedar abajo. Se va a quedar con sus quince años empujando un carro con escombros o manejando las herramientas de aire comprimido con las que excavan. Cada tanto le va a dar algo de coca o cigarros o cerveza al tío de la mina, esa representación mezcla de diablo con español, para que lo deje trabajar tranquilo y no se lo lleve en un derrumbe o una silicosis. Y cuando pase un grupo de turistas como nosotras, creídas de que somos Indiana Jones porque nos arrastramos una veintena de metros por algún pasadizo estrecho, les va a sonreír amable y les va a preguntar si tienen coca o refresco para convidarle.
Antes de entrar en la mina se me dio por canturrear una canción que se escuchaba en casa cuando era chica.
Los señores de la mina
se han comprado una romana
para pesar el dinero
que toditas las semanas
le roban al pobre obrero.
En Cerro Rico ya no hay grandes empresas sino emprendimientos que llaman cooperativas. En realidad se trata de sociedades en las que una o dos personas registran la veta e incorporan trabajadores asociados y contratados. Nuestra guía nos cuenta de las dificultades del gobierno para intervenir en las condiciones de trabajo. Nuestra guía se llama Iblis y, lo descubriremos acá adentro, es Evista. Nos dice que este gobierno no es corrupto, que ayuda a la gente pobre, que invierte en educación y en carreteras, que ahora todos pueden tener una pensión. Los de Santa Cruz y las provincias ricas no quieren porque dicen que es gente que no trabajó nunca. "Pero yo trabajé toda mi vida en empresas privadas que cuando me tenían que dar un seguro me echaban. Trabajaba dos, tres años y después me echaban para no aportarme a la pensión. Ellos, los del Oriente, son racistas. No quieren ver una chola, una mujer con la pollera y el sombrero. Indios nos llaman. No quieren al indio".
Arriba es abajo. Mientras nos alejamos de la mina suena en mi cabeza el resto de la canción.
Cuando querrá el Dios del cielo
que la tortilla se vuelva.
Que la tortilla se vuelva
que los pobres coman pan
y los ricos mierda, mierda.
miércoles, 20 de agosto de 2008
Chuquisaca, donde están los libros
martes, 19 de agosto de 2008
Gato blanco, gato negro
Mario Virreira tiene una guirnalda de flores colgada del cuello. Habla del neoliberalismo, de cuánto mal les ha hecho a los bolivianos. Mario no está solo: para nada. El escenario desde el que el prefecto de Potosí cierra la campaña del MAS para el referéndum está lleno. Lleno de militantes, de representantes del gobierno y de mariachis que aguardan con sus sombreros mexicanos y sus instrumentos musicales a que se acaben los discursos y empiece el baile. Antes de Mario hablaron sindicalistas y habló el delegado del gobierno nacional. Ellos también mencionaron al neoliberalismo. Del capitalismo foráneo al neoliberalismo y de Eva a Evo, los populismos latinoamericanos siempre tuvieron claridad para identificar al enemigo. Abajo del escenario también hay gente. Mineros, laburantes. Los obreros de Morón. "Evo sí, Mario sí" gritan. Se largó la música. Mariachis de Potosí dicen que son. Canta una morocha de jeans ajustados. Canciones de amores varios: correspondidos, contrariados, siempre pasionales. Hay una de una mujer que le recrimina al que la dejó embarazada por no hacerse cargo del hijo y no darle ni el apellido. Entre tema y tema la morocha arenga al público: "¡Yo soy evista! ¡Porque Evo nos devolvió la dignidad! ¡Si no es Evo no es nadie! ¿Quien va a ser sino: el Tuto, o alguno de esos corruptos que ya conocemos? ¡Somos indígenas y estamos orgullosos!".
En Sucre también están orgullosos, pero no de ser indígenas. El día que llegamos nos topamos con un acto opositor en la plaza principal. Habla el de la regional de la COB y el secretario del gremio de maestros. Reclaman la ida de "el carnicero". La zona céntrica de Sucre está llena de afiches y calcomanías anti-Evo. En las vitrinas de los negocios, en los vidrios traseros de las 4x4 (sí, acá también están con el campo). Cenamos en una casa de comidas pequeña, un emprendimiento de una vecina que puso dos mesas en el garage de su casa. "Es muy terco este presidente, está dividiendo al país". Creo haber oído eso en Argentina. En el hostel miramos TV en la sala común. Dejamos un canal donde hay un documental sobre los ponchos rojos. Nos damos cuenta de que es el único canal del gobierno. Una de las administradoras del hostel le pregunta por nosotras al recepcionista. Alcanzamos a oír: "...creo que son comunistas".
Al día siguiente, 6 de agosto, es la fiesta patria. Desfilan los militares, desfilan los funcionarios, desfilan los curas (creo que son obispos o algo así, soy una analfabeta de las jerarquías eclesiásticas). Desfila Savina Cuellar, prefecta opositora. Después va a subir al balcón de la Casa de la Libertad a presenciar el resto del desfile. Como Mario, Savina tampoco está sola. Pero los que la acompañan son otros . Funcionarios de riguroso traje, jefes militares, obispos. Todos exponentes de la ciudadanía y la civilización occidental y cristiana. Luego del desfile, los ciudadanos opositores autoconvocados bloquean las esquinas del centro. No entiendo a quién bloquean. Acá los partidarios de Evo están en la periferia de la ciudad, así que no creo que la medida los afecte mucho. Un hombre se baja de una camioneta. Dice que el está en contra del gobierno pero que quiere pasar. No hay caso. Las señoras ciudadanas, que a diferencia de las cholas calzan tacos aguja y portan paraguas para que el sol no les oscurezca la tez, no se mueven. Cantan "Estamos en la calle por culpa del gobierno" y "Que lindo que ha de ser, el Evo revocado y el pueblo en el poder". Porque pasa en Venezuela, pasa en Argentina y pasa en Bolivia. Ellos creen que son el pueblo. Que lo otro es masa amorfa, aluvión zoológico, escoria sin derecho a reclamar su lugar.
Definitivamente, esto de que la minoría obligue a la mayoría a sentirse minoría se tiene que acabar.
sábado, 16 de agosto de 2008
Los ilustres
- No, gracias.
- Dale, te lustro.
- No, esto es goma y gamuza. No se lustra.
- Igual se lustra.
- Que no.
- ¿Eres argentina?
- Sí.
- Cristina Fernández de Kirchner la presidenta. Muy buena.
- Sí.
- Es muy linda Cristina. Me voy a casar con ella y va a ser mi esposa.
- Qué bien.
- ¿A ti te gusta Evo?
- Sí.
- ¿Y por qué no te casas con él?
(En la plaza principal de Sucre, el 6 de agosto)
jueves, 14 de agosto de 2008
Bajo el balcón
miércoles, 6 de agosto de 2008
Evo Sí
Ahora vamos a La Paz.
lunes, 28 de julio de 2008
El diario de Bolivia

Suelo llorar en el cine. Adentro de la sala oscura, y por extensión frente a la pantalla del televisor, derramo lágrimas desenfrenadamente. Aclaro que mi llanto nunca es discreto. Nunca supe llorar sin despeinarme. Lo mío es un acto que compromete todo mi cuerpo. Lloro con espasmos, con la cara contraída, con aluviones de mocos. Indefectiblemente termino con la cara enrojecida y los ojos hinchados como si me hubiera picado un mosquito en cada párpado. Mis llantos son heterodoxos. El primero fue el día en que mi mamá me llevó a ver ET. Con el correr de los años, las temáticas y géneros que desataban el torrente de lágrimas se diversificaron hasta niveles insólitos.
El más extraño de mis sucesos lacrimógenos empezó una noche en la sala a la que había ido a ver "Diarios de Motocicleta". Digo que empezó porque se repite cada vez que vuelvo a ver la película. Esta es una primera circunstancia que llama la atención cuando la cuento: nadie llora con "Diarios de Motocicleta". Se puede llorar con las fotos de el Che yaciendo como un Cristo en la escuela de La Higuera, podemos conmovernos con la filmación de Fidel Castro leyendo la carta de despedida ("otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos") o con las estrofas del "Hasta siempre", pero no con Gael García Bernal andando en moto.
Sin embargo, no es esta imagen de Ernesto antes de ser el Che lo que origina tamaño transtorno lacrimógeno. Hay, sobre el final de la película, una serie de planos de personas que ha conocido Ernesto en su camino: peones rurales argentinos, mineros comunistas chilenos, campesinos collas peruanos. Todos anónimos, todos pobres, todas imágenes que pertenecen a un film de ficción que transcurre en 1952. Pero al verlos, sabemos que esas imágenes podrían ser del presente. Esos rostros sintetizan una América Latina que estuvo muchos años en las sombras. A esos rostros, en Bolivia, volvió Guevara a fines del 66. Esos rostros son los que hoy se reivindican como sujeto político en América Latina y que intentan avanzar hacia un nuevo estado de las cosas. Esos rostros que hoy dan su pelea en Bolivia de la mano de Evo Morales serán el objeto de nuestros próximos posts, porque . y yo nos vamos para esos lares hasta el referéndum del 10 de agosto.
La foto de este post está tomada de www.albertomontero.com