domingo, 29 de mayo de 2016

El artículo censurado de Hernán Brienza

Sacado de su face


¿Y si hablamos de corrupción en serio? (Parte II)
Hernán Brienza
El gran problema en la Argentina no es la corrupción. El problema es la educación. Evidentemente la calidad de nuestros establecimientos de enseñanza es muy baja, ya que el editor del Perfil.com, de Clarín, de TN, de Infobae y otros medios no tienen aprobado el nivel uno de lecto-comprensión del castellano. Puede ocurrir que, como en el caso de la gallina hayan puesto el huevo y por eso sus jefes los manden a cacarear, pero ese es otro tema. El autor de esta nota escribió la semana pasada:
“No se trata de defender la corrupción en esta nota. Quien escribe esta nota sólo ha recibido dinero a cambio de su trabajo, bueno o malo, equivocado o no. Siento una repulsa moral, heredada de cierto ascetismo cristiano, respecto de la riqueza rápidamente adquirida, considero con Honoré de Balzac que "detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen" y mira con desconfianza, incluso, a los apropiadores de plusvalía. De lo que se trata en este texto es de comprender no de justificar. De explicar que no es reprimiendo en un show mediático a un par de ladrones que se lucha contra la corrupción, porque ella está adherida como la hiedra al financiamiento de la política”.
Les hago una pregunta, compañeros poetas, ¿de verdad no entienden este párrafo? ¿Tan brutos e ignorantes son? ¿No saben leer? ¿No saben interpretar? ¿O, en realidad, saben leer y les están mintiendo a sus lectores? Y si les mienten a sus lectores por órdenes de sus jefes y ni siquiera se animan a firmar sus notas responsabilizándose de las sandeces que hace, porque saben que están realizando mala praxis, no son unos corruptos sinvergüenzas que se regalan al mejor postor por un sanguchito y una coca? Quien titula “Un periodista K justifica la corrupción” a secas ¿es bruto y malintencionado él o alguien le ordena hacer ese trabajito sucio? Del “Gran Diario Argentino”, que sustrajo a la familia Graiver Papel Prensa y perjudicó al Estado con una compra fraudulenta, el mismo que estafó a los jubilados con las operaciones de acciones de las AFJP, el mismo que extorsionó a todos los argentinos, vía el Estado, para quedarse con un monopolio mediático, el mismo trust que tiene cuentas en el exterior evadiendo impuestos de todos los argentinos, se puede esperar cualquier cosa. Pero de Perfil, es sorprendente, porque es mala intención o discapacidad cognitiva sino moral. Una pena.
Y ahora sí, pasemos a lo importante. El teórico Robert Dahl en su fundacional libro Politics, Economics and Welfare, escrito ya en 1953, reduce la democracia a una cuestión procedimental y la resume en cuatro criterios que definen a los sistemas políticos:
a) Derecho a voto.
b) Igualdad de voto.
c) Subordinación de los funcionarios no elegidos a los elegidos.
d) Posibilidad de alternativa en el gobierno.
e) Pluralidad de fuentes de información.
f) Oportunidad de políticas y candidatos alternativos.
Tomando esta definición básica de democracia que no es la única ni la mejor, pero es la más aceptada en Ciencia Política, uno podría decir que nuestro sistema ha atravesado diferentes momentos. Aclaro: esta es una definición mínima y conservadora, como les gusta a los intelectuales y periodistas liberales conservadores como los de Clarín, La Nación, Perfil, etcétera, por lo tanto, estoy teorizando en la cancha ajena.
En el siglo XIX, la supuesta época de oro del liberalismo republicano conservador, el sistema político argentino no cumplía casi ninguno de los preceptos. El b) y el c) quizás sí. Sin embargo, nuestros teóricos vernáculos añoran aquellos años en los que pocos tenían derecho a voto, no había alternancia en el gobierno –siempre gobernaba el partido oficial-, no había pluralidad de información, y sólo podían gobernar los ricos. Por esa razón se llamó a ese período, el Orden Conservador o la República Oligárquica. Me gusta categorizar ese periodo como el de “cuasi democracia” o “semi república”.
Durante el siglo XX, los constantes caprichos del liberalismo pretoriano sometió a la sociedad argentina al festival sangriento de los golpes de Estado y las dictaduras militares. Las mayorías seguían sin poder votar libremente.
Nacida en términos procedimentales, en 1983, el sistema democrático de partidos comenzó a cumplir con algunos de los requisitos de la definición de Dahl y Charles Lindblom, sobre todo los cuatro primeros criterios. Pero con el paso de los años, con la brutal concentración de Medios de Comunicación, la capacidad competitiva de los candidatos se va haciendo más corta, más breve, más mezquina. Hoy, en la Argentina, es imposible hacer política sin recursos. Y los recursos se obtienen de los grandes grupos económicos y mediáticos o del financiamiento de la política. Sin el financiamiento espurio de la política, sólo pueden competir los ricos, como en el siglo XIX, entonces la “democracia” se convierte en el gobierno de los poderosos, es decir, “el gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos”, dicho esto malversando la cita de Abraham Lincoln. Claro, la corrupción –el financiamiento espurio- no garantiza la “democracia”, pero amplía las posibilidades de competitividad. Como escribió el autor de la nota la semana pasada: “la corrupción democratiza la política de forma espeluznante”, es decir de forma terrorífica. Pero, claro, al inmoral del editor de Clarín, de Perfil y de Infobae -utilizo el singular porque ¿será el mismo editor o jefe?- se le olvidó poner la palabra “espeluznante”, entonces, el lector estúpido cae en la trampa y lee “un periodista K justifica la corrupción”… (Son tan lindos, chicos…) y, en realidad, lo que estoy diciendo es que la corrupción es terrorífica, espeluznante, pero a pesar de eso amplía la posibilidad de competitividad del sistema democrático.
En este punto hay que aclarar lo siguiente: el sistema democrático continúa restringido; es decir, sólo pueden hacer política aquellos que son ricos u obtienen recursos desde los oficialismos. Y ahí está el corazón de la cuestión, sólo que el e(o)nanismo intelectual de los periodistas e intelectual mercenarios no alcanzaron a ver: Quien no tiene recursos no puede hacer política. Pero de ese desafío deberá hacerse cargo la sociedad. Mientras la sociedad sea cómplice de los medios de comunicación actuales seguirá quedando presa de los ricos y/o de los que se financian espuriamente.
Yo, Hernán Brienza, deseo que haya otra forma de hacer política, sólo cumplo con describir lo que veo. Porque soy un convencido de que la “verdad” –así, chiquita, humilde, entre comillas- nos hace libres. Y la estupidez, la miseria, la mezquindad y la miserabilidad nos hace esclavos de los poderosos. Ser filosóficamente Cínico es decir la verdad aunque duela. Ser hipócrita es mentir, ocultar, tapar la propia miseria. Escribo esto desde un diario hecho por trabajadores, de trabajadores que han sido víctimas de un empresario corrupto e inescrupuloso como Sergio Spolszki, quien también se ha beneficiado con el financiamiento de la política.
Por lo demás, liberen a Milagro Sala.

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