lunes, 30 de junio de 2008

Una historia de violencia


Decir que hay violencia en la obra de Carlos Alonso no es ninguna novedad. Los indios y soldados empuñando lanzas, fusiles y cuchillos en “La guerra al malón”, las vacas y los hombres y mujeres colgados de ganchos de carnicería en la serie “Hay que comer”, la sangre y las cuchillas y la carne en “El matadero”, son referencias ineludibles. Pero hay otra clase de violencia en la obra de Alonso, menos evidente. Y que late en el modo de pintar al campo. Cielos calmos, pero cargados de tormenta. Llanuras amplias que son el escenario de las grandes tragedias. Dice Rocambole (otro gran artista argentino que ha dibujado otras violencias) que cuando una persona aprende a dibujar, sabe ver cosas que los demás no ven. Para representar hay que registrar para sí detalles, anuncios sutiles de lo que las formas esconden.
En el campo que pinta Carlos Alonso el paisaje, los hombres y hasta las vacas son violentos. No hay paz en ese campo.

4 comentarios:

Néstor Sbariggi dijo...

Antares: La violencia frente a lo que se presenta como bucòlico y llano. Que ojo.


Saludos

Lucas Carrasco dijo...

todo un contraste, por caso, con Molina Campos.

Antares dijo...

Néstor: gracias por la visita.
Lucas: creo que Molina Campos pinta en clave satírica, su equivalente en la literatura gauchesca podría ser el Fausto de Estanislao del Campo. De este último hay una edición de De La Flor ilustrada por Oscar Grillo que tiene mucho de homenaje a los almanaques de Molina Campos. Pero antes que la comparación con otros artistas plásticos, yo estaba pensando en todo este imaginario campero conservador, constitutivo de la tradición oligárquica, que ha circulado tanto el último trimestre.

Lucas Carrasco dijo...

sí, entiendo -y creo que lo pensé así, pero no lo supe expresar.
No sabía lo del Fausto, a ver si lo consigo. Saludos.